CAPITULO I _ “El Problema”
- ¡Oi Zoro! - Gritó el capitán, entusiasmado. – ¡Oiii Zoroo! … ¿Dónde estás?-Pregunto luego del segundo llamado.
- ¿¡Luffy!? – Escuchó, en el momento que el morocho del sombrero de paja, juntaba aire para un tercer y más potente grito. – ¿Qué haces?... – Inquirió el espadachín, con el seño medio fruncido, por los gritos.
- Te buscaba… - Mencionó éste, expulsando el aire acumulado en sus mejillas y su pecho. – Necesito hablar contigo…
- No me refiero a eso, idiota – Soltando el insulto de una forma algo amable, al tiempo que bajaba de la torre de vigilancia, para aproximarse al pequeño.
¡Pook!
- Ita,ita… eso duele Zoroo, ¿Por qué me pegas?
- Te lo mereces por andar gritando en plena noche… mientras todos dormimos…- Respondió con un tono de reprimenda.
- Oohh... Está bien – Se frota la cabeza, mientras su agresor se golpea en la frente con la palma de la mano, asombrado por la actitud del más joven, la cual nunca paraba de sorprenderle, y él jamás llegaría a comprender, solo le quedaba aceptarle. – Pero… se supone que tú estabas de guardia… no deberías dormir, jijiji.
Al oír esas últimas palabras, se sonrojo ante la vergüenza, que le había causado, entonces decide desviarle el tema.
- Y bien… ¿Qué querías decirme? – Cambiando la expresión de su rostro a algo apenas más serio, a sabiendas de que le saldría con algún jueguecito, o algo similar, como era habitual en él despreocupado muchacho.
- Ah, cierto… lo había olvidado – Repuso, dejando las risas aparte. – Nami me dijo que podrías ayudarme con un problema que tengo…
- ¿Ah sí, cuál? – Pregunta Zoro, insultando a la pelirroja por dentro, *Mierda esa Nami, siempre jodiendo mis siestas*, a la par que cambiaba su semblante levemente, ante el fastidio repentino.
- Hoy cuando me levante, me sentía raro, mi cosa estaba… - El peliverde empezaba a perder la paciencia, pensando que era alguna broma de mal gusto por parte de la navegante y el capitán complotados. - … muy dura, y con un tamaño más grande de lo normal… - Dijo muy tranquilamente, aunque con una mueca de curiosidad. Él otro, expectante, en cambio, se había quedado medio atontado ante el repentino e inesperado comentario. El jovencito continuó, indiferente de la reacción de su nakama. - … le pregunte a Nami, por que sucedía, o que era, y ella me arrojo enfadada un puñetazo… luego me dijo que Sanji, Franky, tú, o incluso usopp podrían responderme en su lugar. Explícame por favor Zoroo!! – Rogaba con entusiasmo mientras le jalaba del brazo.
- Luffy… - Permitió apenas dejar salir su nombre, luego de recuperarse del pequeño shock. – Esto... Esto…
- Anda Zoro, anda dime. – Le interrumpió entusiasmado e insistente, con una de sus características sonrisas, enormes e inocentes.
- Está bien!… te lo explicare, pero solo una vez, sino lo entiendes, es tu problema, asique presta mucha atención.*Además hoy no estoy de humor*
- Gracias Zoro – Le interrumpe su pensamiento el otro con voz de eterna gratitud.
- Si, si, pero suéltame de una vez, así te explico… - Obedeciendo a esa petición, Luffy le soltó el brazo y se sentó de piernas cruzadas, en el piso del Sunny, con una mirada expectante, llena de entusiasmo y admiración. –… que remedio contigo… – Murmuraba entre dientes el mayor, mientras lo agarró de un brazo y comenzó a llevarlo hacia el mástil, donde se situaba su habitación, y su lugar de vigilancia.
- Oi Zoro, oi espera un momento Zoro… ¿Qué haces?
- ¿Tú qué crees? – Le espetó mientras lo soltaba – Acabamos de salir de una isla de invierno, nos congelaremos si nos quedamos aquí. – Comienza a subir la escalera, y le hace señas de que lo siguiera hacia arriba.
Una vez situados en asientos opuestos, dentro de la habitación, el mayor de los dos jóvenes, toma una de sus pesas individuales y comienza a ejercitar su brazo, antes de retomar la antes pausada conversación.
- ¡Luffy! … -Le nombra a su despistado capitán, quien estaba absorto en el movimiento del fuerte espadachín y su pesa. – Luffy… oi –Al segundo llamado, el chico vuelve en sí. - ¿No querías que te explique?
- Si claro, perdona Zoro. – Aplica una sonrisa y le mira fascinado. -Bueno, entonces… ¿Qué es lo que me sucedió?
- Bien, aver… ¿Por dónde comienzo? – Y empezó a darle una charla de hombre a hombre, como si de padre e hijo se tratara, aquel que ninguno había tenido. Casi terminada la primera parte de la explicación, donde le dio algunos detalles del aparato del hombre y demás, el morocho apenas parecía comprender algo, aunque su cara de entusiasmo e incognito, no había sufrido cambio alguno. Zoro seguía lidiando con Luffy, a la par de su ejercicio. Sin dejar de prestar atención a las palabras de su nakama, no permitía que se le escapara un movimiento del musculoso espadachín y su ejercicio, con su vista.
- ¿Qué se supone que debo hacer? – Interrumpe el joven, confundido. - ¿Qué hago cuando tengo una de esas erecciones que mencionaste?
- Debes descargarte… - Responde el mayor, sin pensarlo mucho, aunque un poco sorprendido ante la pregunta. Meditó unos segundos y se dio cuenta que su respuesta había sido algo estúpida, y que podría confundirle más. – Quiero decir… debes estar con alguien que te guste y bueno ya sabes… Aunque creo que no sabes, jajajajaja – Se rio el moreno ante la expresión que había puesto su capitán. – Sexo! – Exclamo luego de las risas. Sin meditar en las repercusiones que podría tener esa explicación tan carente de detalle. Solo quería terminar la conversación y seguir con su guardia o durmiendo. – Es sexo… Es la clave para solucionar ese problema que tienes. Todos lo tienen Luffy...
Terminó éste, y mientras cambiaba su pesa de brazo, esperando que le preguntara alguna otra cosa, el muchacho que estaba frente a él, hace un movimiento con el brazo y antes de finalizar tal acto, le dice:
- Tengamos Sexo…!!
Un profundo silencio inundo la habitación por unos segundos, y luego se vio interrumpido por un grito ahogado.
- Aagh como, aagh duele… - El guerrero de piel morena se agarraba el pie, donde se le había caído la pesa de dos toneladas y media, accidentalmente, ante el shock de lo que no podía creer, haber oído. - ¿Éstas loco o qué? … como se te ocurre… serás, desgraciado… los hombres n… - El aludido fue interrumpido por el movimiento del joven que tenía enfrente, el cual señalaba con su índice al bulto entre sus piernas. El semblante del moreno cambió totalmente, mezclándose la cólera, la vergüenza y la confusión en su rostro. - ¿Qué demonios te pa…?
- Tengo “el problema” de la erección – Dice el delgado y alegre muchacho, indicando su miembro, más claramente que la vez anterior. – Dijiste que el sexo lo solucionaba… - Explico con su inocente sonrisa. El más grande se disponía a explicarle a su capitán, la razón por la cual no podían, pero cuando abrió la boca para hablar, el entusiasmado chico siguió. – Además tú también tienes el mismo problema… Jijijiji
Riendo pícaramente señalo entre las piernas de su nakama mas querido, y éste bajó la cabeza, esperando que fuese una pésima broma. Su cara empalideció medio segundo, ante la visión, para tornarse inmediatamente de un rojo intenso. No sabía porque le había sucedido tal cosa, y mucho menos podía comprender, como no se había dado cuenta, hasta ese momento.
*Fui incapaz de notarlo*, *No entiendo que sucede aquí*, *Primero este muchacho me sale con esas locuras y luego esto… *, *Es inaceptable, debe ser un mal sueño*
Los pensamientos flotaban en la cabeza del moreno confundido. En ese momento el muchachito se levanta con una de sus características sonrisas, y se encamina hacia donde se encuentra su segundo a bordo, su primer y más fuerte nakama. Se sienta a su lado, y el peliverde se sonroja aún más, ante la situación. Se prepara para imponer distancia, pero algo le sujetó su brazo izquierdo, el mismo que minutos antes había terminado de ejercitar. Giró su cabeza y vio Luffy sonreír tiernamente, mientras que le sujetaba con fuerza su trabajado brazo.
- Luffy… ¿Qué hac…? – Nuevamente es interrumpido.
- Tienes unos brazos fuertes y bonitos… - Le acaricia el joven sin saber porque lo hacía, sentía atracción por su nakama, pero era incapaz de comprender de que se trataba, y actuaba por impulso. Tras sentir las suaves manos de su capitán en su brazo, y oír ese comentario, su parte más intima, comenzó a crecer aun más. – Tengamos sexo… - Repitió insistentemente el alegre muchachito.
- Luffy… - Deja escapar suavemente su nombre, cuando exhala ante la insistencia, medio resignado. No parecía que se tratara de una broma, y cuando algo se le metía en la cabeza, no había quien le pare. Aun con su cara tan sorprendida, el mayor trataba de despegarse del más joven, intentando reprimir el deseo y la excitación que su cuerpo estaba padeciendo.
*No entiendo porque siento tales cosas*, *Es un hombre, y los hombres no…* *Ya es la segunda vez que no puedo contenerme*, *¿Qué demoños me sucede?, siempre he sido capaz de controlar mi cuerpo y mi mente.*
Su capitán que parecía notar apenas la confusión que éste sentía, se aferra más al espadachín, haciendo que éste se estremezca. El pánico que le había entrado, comenzaba a desaparecer. Las ganas de separarse del muchacho quedaron apaciguadas junto con su voluntad para luchar, ante la inocente, excitada y entusiasmada cara del joven. Incapaz de resistir mucho más, Zoro se planteó unos segundos la posibilidad de que algo pasara.*En fin, es solo sexo lo que me pide.*, se decía para sí mismo, *Y lo necesito, no pasara nada.* Agarró a Luffy y lo miro una vez más para decidirse. *Después de todo, es Luffy, no entenderá mucho.* *Es muy ingenuo, y yo no aguanto más sin tener relaciones.*
En ese momento, por algún motivo, recordó un fragmento del día anterior.
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FLASHBACK
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Un día antes, después del desayuno. Todos los miembros de la tripulación del Sunny se dirigían a sus habitaciones o a sus respectivas áreas de trabajo, salvo Sanji, que ya estaba en el suyo, la cocina. Y también faltaba un miembro, el primero al mando luego del capitán, Zoro. Tras desalojar el lugar, éste ultimo ingreso en el lugar, con el torso al desnudo empapado de sudor, y su camisa en la mano tapando su entre pierna.
Se sentó y buscó su desayuno con la mirada, esperanzado de que el glotón de su capitán, no hubiese comido el suyo.
- Oi Ero-Cook, ¿Mi desayuno? – Le pregunta al rubio, con burla.
- ¿A quién le dices eso? … marimo de mierda!
Echándole una mirada despectiva, luego levanto la cabeza hacia el techo, exhalo el humo de su cigarrillo y se dirigió despreocupadamente hacia el espadachín, con un plato y una taza humeante. Toma, come imbécil. Lo guarde para salvarlo de Luffy.
- Hahaha, ¿Te preocupas por mí, cejas rizadas?
- Ya quisieras, maldito… Calla y come de una vez pedazo de mierda.
Zoro comienza a comer y en eso se abre la puerta.
- Sanji-kun … - Entra Nami seguida de Robin. – Ah Zoro, hola. ¿Qué te sucedió hoy?, ¿Por qué no estuviste presente en el desayuno?
- Egstruve engtregnandro - Intento responder, aunque se trabara con la comida, sabía que no era la única razón de su ausencia, y por eso su cara estaba levemente sonrojada.
- Bueno, no importa. Sanji ¿Podrías llevarme un té y un café a mi habitación?
- Lo que desees Nami-swaaan, te vez tan hermosa cuando me pides algo. - Deliraba con sus ojos de enamorado mientras danzaba. - Enseguida los llevo, melloriiine ...
- Si si si… - Le espetó la navegante, mientras la arqueóloga soltaba una risita. - Gracias Sanji-kun.
- Adiós cocinero-kun, espadachín-san. - Saludo cálidamente la morena. Ambos hombres les saludaron, y las damas se retiraron de la cocina.
- Te ves tan estúpido cuando te usan... - Comentó con acidez, el guerrero. - ni siquiera te prestan atención.
- Al único que nadie le presta atención, eres tú, maldito cabeza de alga. - Y dio un fuerte golpe en la mesada, donde estaba preparando el encargo de las señoritas.
- Cocinero de mierda..!
- Espadachín de segunda...!!
- Estúpido lovely!!!
- Tesoro nacional..!
Los insultos no cesaban, el cocinero situado de pie detrás de la barra, gritaba eufóricamente, y Zoro se levanto bruscamente, para responderle, del mismo modo y no quedar por debajo de su nakama. Su competitividad era visible hasta en los pequeños detalles. Olvidando el motivo por el cual llevaba sosteniendo la camisa todo ese tiempo, dio un golpe rotundo en la mesa, expresando y demostrando su enfado y su fuerza superior, dejando caer así, aquella tela que cubría su marcado y visible bulto. Antes de que el rubio se diese cuenta, su escandaloso capitán ingreso en la cocina, interrumpiendo la discusión. Se paro frente al cocinero, entre la mesa y la barra, dejando fuera de visión al enfadado guerrero. Ignorando la pelea, e incluso la presencia de su primer y más fuerte nakama, grito con su alegre espíritu.
- Sanjiii… Tengo hambre, dame comida.
- Serás… acabas de desayunar, pequeña sabandija…
- Pero Sanj, es que tengo mucha hambre. – Insistió el joven, haciendo pucherito y urgandose la nariz.
- No tienes remedio… - Dijo, rendido el rubio. – Toma, es el postre que sobró del desayuno.
- Gragcigas Sanji..! – Agrego el joven metiéndose grandes bocados antes que el cocinero soltara el plato. En seguida se encaminó hacia la puerta, engullendo velozmente cuanto pudo.
El peliverde se había quedado expectante, disfrutando aquella escena tan graciosa, al ver que el cocinero murmuraba cosas entre dientes. Segundos después recordó haber dejado caer su camiseta, y se apresuró a sentarse, para que no le viera. Recogió su prenda y volvió a colocarla sobre su entrepierna, de modo que su excitada extremidad quedase cubierta.
Lo que le causó una extraña confusión, fue el encontrarse con una erección aún mayor, que cuando había despertado o había ingresado en aquella habitación.
*¿Por qué?, ¿Por qué ahora?, ya tenía suficiente con andar disimulando toda la mañana, y ahora estoy peor que antes.*
*Debo irme de aquí cuanto antes*
Absorto en sus pensamientos, sintió una familiar y fastidiosa voz, llamándole con provocaciones.
- Oi, marimo, termina de comer. – Espetó el cocinero. Zoro levanto la mirada sin dar demasiada importancia, aun confundido. – Voy a llevar esto a Nami-swaaan y Robin-chwaaan. – Le comentó entusiasmado. - Espero volver y no ver tu rostro devuelta. Come y mueve tu trasero a alguna otra parte.
- Si, como tu digas, estúpido amoroso – Siguiéndole la corriente, pensó para sí mismo, *Como si voy a aceptar ordenes de un idiota como tu…*
Abrió la puerta y se marchó con las dos tazas hacia la habitación, donde le esperaban las damas.
- Maldito… - Murmuró.
*Bien, es la oportunidad para que me valla.*, *Si alguien me ve en este estado, será difícil pasar desapercibido, incluso con la camiseta como tapadera.*
Terminó de ingerir lo que quedaba de postre, debió el último trago de té, y levantándose de un salto, se encaminó hacia la puerta. Estaba a punto de irse, cuando de golpe, ésta se abrió y apareció el rubio, quién no tardo un segundo en abrir la boca.
- ¿Todavía sigues aquí? … Maldito cabeza de alga. – El moreno no movió un músculo, esperando que su agresor no notara el estado en el que se encontraba. – Muévete. – Le ordenó.
Avanzo hacia delante y choco contra Zoro, al ver que éste seguía inmóvil, Sanji decidió a pasar por la fuerza. Llevándolo por delante, chocó con el macizo joven, y evidentemente, sintió aquello entre las piernas, que el inmóvil peliverde, había intentado ocultar toda la mañana.
- Marimo… - Comenzó a hablar Sanji, sacándose el cigarro de la boca y avanzando para quedar dentro del lugar. –… con que de esto se trataba… - Zoro se había puesto rojo de la vergüenza, y se aferraba a la camiseta, con el intento de seguir ocultándolo, y manteniendo la esperanza de que las palabra del fumador, fuesen por otro motivo. – Ya decía yo que era raro no verte en el desayuno, y luego te apareces sin tu camisa puesta en la cocina. Por mas animal que seas, nunca eres tan descuidado… - Esperando más comentarios del cocinero, los cuales estaba seguro que serian burlas y humillaciones, se resignó a esperar que terminara, para irse y no volver a verle.
*Encima de que se burla, tiene razón… como lo detesto.*
- Deberías hacer algo con “eso”, y yo que tú no me pasearía por el barco en ese estado. Te pueden ver los muchachos, o incluso peor, las chicas. Y ahí sí que te daré una buena paliza. – El espadachín se sorprendió desmesuradamente al ver la cara de tranquilidad del cocinero, y el tono de comprensión en sus palabras. – También tendrías que descargar el tanque una vez cada tanto… ve y toma un baño. Ya sabes… - Le guiño el ojo visible.
Finalizada la conversación, el rubio le dedico una risita de complicidad y se encaminó a su zona de trabajo. Aquel avergonzado joven de piel morena, se marchó indignado, asombrado y confuso. Por algún motivo, sintió que aquel hombre no contaría aquello a nadie. Sería la primera y única vez, que sentiría a su rival nakama, como un amigo confidente. Se encamino al baño para siguiendo las indicaciones del joven fumador.
Estuvo de mal humor unas horas más, antes de poder calmarse y olvidar todo aquello.
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FIN DEL FLASHBACK
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Continuara ...
sábado, 9 de mayo de 2009
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¡¡¡WAAAAAAAAAAAA!!! No sé como nunca antes había leido esta historia. Es genial!!! La amé con toda mi alma, amo con todo mi corazón el ZOLU, amé tu redacción, la narración, la forma de caracterizar a los personajes. Me encantó. No sé como nunca la había leído estoy sumamente intrigada por la continuación. ¡¡Muchísimas gracias por publicarla!! Luffy es tan lindo e inocente, y Zoro tan él, puedo imaginarmelos perfectamente en tal situación :) Incluso Sanji, cubriendo a Zoro. ¡¡Gran historia!! ¡¡Escribes muy bien!!
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