sábado, 9 de mayo de 2009

El Frio Acero Y El Amor de Goma (3)

CAPITULO III _ “Experiencia”

Luffy con una enorme sonrisa dibujada en su rostro, señalo a su abdomen y su pecho, cubierto por aquel cálido liquido que acababan de expulsar… el fruto de sus cuerpos. Aun con la respiración cortada se dispuso a hablar indicando, esta vez, con su dedo índice, a sus miembros que permanecían del mismo tamaño, e igual de firmes. Pero sin poder agregar palabra, se conformo con aquella indicación. Zoro le interrumpe.

- Hahaha, no cambiaras nunca… - Río el espadachín levantándose para limpiar lo poco que le había salpicado en su pecho y abdomen. - ¿Te gustó?

- Si… el sexo es increíble, jijiji… - Comentó entusiasmado. - … pero, porque seguimos con “el problema”..? – Haciendo referencia una vez más, a sus partes intimas. – .. creo que necesitamos más sexo … !!

- Hahahahaha… - Se reía con muchas ganas, ante los comentarios de su capitán. – … parece que sí, estas en lo cierto... – Repuso luego de pensarlo unos segundos.
*Este chico, mi nakama, mi capitán… que tienes Luffy?*, *Me vuelve loco con su cuerpo …*, *Jamás lo había tenido tan cerca, y desnudo, entregado de esta forma al placer..*

- Oiii, Zoro… ¿Qué hago con esto?, - Mirando otra vez a su desnudo torzo, que estaban cubiertos de esa cálida miel, e inclusive señalándole en el lado derecho del mentón, donde también había llegado el majestuoso regalo de los dioses.

- Toma, límpiate! – Dijo el peliverde, arrojándole una toalla. – Ahora te mostrare lo que es el verdadero sexo…

*Estoy peor que al principio, necesito algo más salvaje, necesito descargarlo todo, ya no me puedo resistir más, es un infierno.*

- ¿Eeh? … Zoro, ¿De qué hablas? – Cuestiono confundido.

- Ya verás! – Tomándole por la cintura y la nuca, recostándole nuevamente boca arriba, mientras el pequeño arrojaba la toalla con la que acababa de limpiarse.

Repitiendo el mismo acto que había tenido lugar varias veces durante ese encuentro pasional, le beso el cuello en primera instancia, hasta llegar a la boca de su capitán. Lamiéndole nuevamente su cavidad, se separo unos centímetros de su cuerpo, dejando lugar a una mejor maniobra de las extremidades.

Desnudos, sin nada que les cubriera sus perfectos y tallados cuerpos, entrelazaron sus piernas, formando una sensual figura. Segundos después de separarse, el dominante espadachín, libero la mano que tenía debajo de la cintura de Luffy, para escalar por su cuerpo, hasta la boca del expectante joven, que no paraba de besarle, y admirarle por haberle mostrado ese mundo tan distinto y especial, que para él había sido desconocido, hasta ese momento.

Separando sus labios, de los del morocho, le metió dos dedos en la boca, indicando que los lamiera. El pelinegro comprendió rápidamente, y comenzó a juguetearle con su lengua, con la intriga en su pecho, por saber que le mostraría esta vez, su preciado espadachín.

*¿Me mostrara el verdadero sexo…?*, *¿Puede haber algo mejor?*

Mirando perplejo y confiado a su gran nakama, le dedico una infantil sonrisa, y éste le dijo.

- Déjame que te lleve al éxtasis… permíteme llenarte de placer. – Tras oír esas palabras, el inocente excitado Luffy, asintió con total sinceridad y confianza, expresado en sus cristalinos ojos. Sin rastro de duda o temor, le afirmó.

- Lo que tú digas, Zoro… Suena divertido, jijiji.- Agrego con complicación, intentando no morder los dedos del otro joven.

- Bien…- *¿Qué le pasa?, no entiende nada… se comporta raro*,*¿Sera que no comprende acaso que esto es una locura?*, *Es sexo, y entre hombres, ¿Qué pasara por su cabeza? … cualquier otro chico hubiera salido corriendo de una situación similar.*,* Me recuerda a …*

Sacudió la cabeza levemente, con intención de deshacerse de esos pensamientos, recordándose que no podía perder el tiempo con tales tonterías.*Si sigo así me volveré loco*

Ambos estaban recostados, sobre el sofá, y el peliverde que se encontraba arriba, controlándolo todo, le quitó los dedos de la boca al tierno morocho.

- Creo que con esto será suficiente, capitán… - Añadió sonriendo dominante, anunciando que las preparaciones estaban casi finalizadas.

Deslizó su mano, de su boca hacia abajo, haciendo uso del espacio que había dejado entre sus desnudos y marcados torsos. Rozó la entrada prohibida del pelinegro, con la punta de su índice. Lo ingresó con dificultad dentro del joven muchacho, haciendo que se estremezca. El invadido emitió un gemido de dolor y placer, interrumpido por la otra mano del espadachín, que le puso un dedo en sus labios.

- Ahora viene lo bueno… - Comentó pícaramente, masajeando la zona interna del chico, y escurrió el segundo dedo humedecido por la saliva de su capitán. Éste se estremeció nuevamente, ahogando su gemido de dolor.

- Duele… ha, Zoro.

- Solo es al principio… confía en mí. – le susurro el joven convincentemente. – Bien… creo que ya está a punto… aquí vamos… - Toma su erecto y duro aparato, disponiéndose a entrar en aquel cuerpo que tanto deseaba. Sonriéndole y mirándole fervientemente, esperando su aprobación, le agarró de la cadera con su mano libre, y le acercó hasta su entre pierna, para anular la distancia entre los cuerpos, y facilitar la penetración. Ignorando esto, Luffy le devolvió la sonrisa, medio forzada.

- Agárrate fuerte…

-Oi Zoro, espera un momento… no me digas que vas a…. aaaaahhh, duele!!! … esa enorme cosa, dentro mío … aaah, como duele … - El musculoso joven, se había aventurado dentro del pequeño, comenzando a penetrar, con un rostro que desbordaba de placer, sin prestar atención de las quejas de aquel adolorido Luffy. – Duele… ha, duele mucho… aaaahgg – Decía entre gemidos, y su cuerpo se estremecía cada vez más. Sentía como se contraía su interior ante la invasión.

Haciendo uso de sus piernas, el delgado pelinegro se enredo en el abdomen y la cintura de su espadachín, temiendo que finalizada la penetración, repitiera el doloroso acto. El peliverde le cogió por detrás de la cadera, y lo levanto, cargándolo en sus brazos, e inclinándose hacia atrás, para que su miembro se moviese a la par de la cadera del chico, mientras le subía.

Una vez alzado en brazos, Luffy le paso sus manos detrás del cuello, aferrándose a la firme espalda de Zoro. Ya no tenía duda alguna, el verdadero dolor, vendría ahora.

*Debo ser fuerte, tengo que soportarlo… Zoro dijo que confiara en él.*

Trago saliva intentando reprimir el dolor, para que el guerrero no notara el sufrimiento en su rostro. Éste otro le dedicó una miradita de “buen viaje” y el chico de goma, se la devolvió, como si le permitiera comenzar.

El fuerte moreno comenzó a moverse dentro de su capitán, que se tornó pálido unos instantes, ante el placer, que apenas podía sentir, opacado por el inmenso dolor, que se apoderaba de él. El vaivén de caderas había comenzado, y ambos se mantenían firmes, gimiendo. Uno de placer, y el otro de dolor más que de placer.

El dolor siguió prevaleciendo, haciéndose insoportable… cada embestida era más fuerte, sumándole dolor a cada estocada anterior que daba. Aguantando apenas las lagrimas que luchaban por salir, le dijo esperando que fuera más suave.

- Zoro, me duele…. Aaaaaa, duele, ah, du…, aaagh… -*Se ve tan feliz*, pensó el jovencito al ver su cara de satisfacción. *No quiero arruinarle el momento, jamás me lo perdonaría.*

En esos momentos, Luffy sintió un agudo e intenso dolor, que le impidió sentir placer alguno. El joven que controlaba aquella situación, se excitaba cada vez más, a cada movimiento de cadera, con el rose del miembro de su capitán, que no cesaba de agitarse, sin perder su firmeza, hacia arriba y abajo contra su propio torso.*Este chico me pone a tope, ya no aguanto más.*

Aceleró el ritmo, moviéndose frenéticamente dentro del pequeño, sin notar el cambio repentino en la cara de éste.

Las lágrimas brotaron de los inocentes ojos vidriosos del más joven.

- Me lastimas Zo… Aaahgg… ro… - El joven responsable acometió una embestida más fuerte, sin poder detenerse, y sin levantar la vista.

*¿Por qué me hace esto?, el Zoro que yo conozco, se preocupa por sus nakama.*

A cada golpe, el delgado morocho soltaba más lágrimas de dolor, que ya no podía contener de ningún modo.

- Aaaahy.. aah …. Zoro... me... haaa,ces mucho daño… Zorooo. – Le nombró en su último intento, ya sin fuerzas, rogando que se detuviera. – Para... Me, me duele aaagggh, demasiado.- Sollozaba el pequeño abatido.

El espadachín sintió que algo le mojaba en su hombro. Era el joven que no paraba de lagrimear, derramando lagrimas por ambos cuerpos. Al ver la cara de dolor, sufrimiento y desesperación del chico, le beso profundamente intentando calmarle. Era la primera vez, que veía a Luffy llorar en su vida.

Mientras que su fuerte juego de caderas, mantenía una gran intensidad, Zoro tomó en una de sus manos, la extremidad del joven, que permanecía rosándose entre ambos torsos, y comenzó a subir y bajar su palma, aplicando ciertos toques para generarle más placer al muchacho, a ritmo de las caderas, sin dejar de besarle. Las embestidas habían tomado una descomunal fuerza. El chico no paraba de derramar lagrimas, y separando su boca, le dijo de forma suplicante.

- Detente, yaa… no haaa, p puedo más, aagg… estoy san ….

El fuerte y dominante moreno, le devoró las palabras, besándole desesperadamente.

*Lo siento, ya no puedo parar, mi cuerpo no me responde bien*, *Es lo máximo que puedo hacer por ti ahora.*,*Jamás creí que esto sucedería, lo siento mucho.*

Ésta vez, fue el peliverde quien separo su boca, y sin parar de gemir y manosear su miembro, como de empujar bestialmente dentro de Luffy, le agarro lo más fuerte que pudo la cintura, y le susurro al oído con un tono de culpa y tristeza, entre cortado por los gemidos de placer.

- Lo, lo siento… haaa, yo… hhaaaha – Tragó saliva. – No, yo no, haa ... no puedo detenerme, haa, ha, lo siento, haa, mucho ….. Luffy!!!

- Zoro…- Gimió el muchacho.- Aaaaaaggggghh!!!!!! – Gritó de repente. El fuerte moreno le había golpeado con más intensidad que nunca, haciendo que su capitán derramara gran cantidad de lágrimas.

Seguido de eso, gimió de placer apaciguando levemente sus sollozos
- Hhaaa… haa,ah, Zoroo…. –

Ambos se encontraban salpicados por la blanca miel que había expulsado el miembro del más joven. El culpable seguía sosteniéndole y sonreía, sin dejar de embestirle.

El muchacho había alcanzado el éxtasis, olvidando el dolor, por unos segundos.

- Luffy!! – Nombro eufóricamente el espadachín. Dio un último y seco golpe, que hizo estremecerse al moreno, de placer y desmesurado dolor. – Aquí voy, acabare dentro.…

Se inclino hacia delante, recostando al pelinegro sobre el sofá nuevamente, y siguiéndole, quedo boca abajo, mirando su tierna cara, teñida de mil emociones y sensaciones, pero ninguna de ellas parecía una sonrisa. Tal y como habían comenzado, el mismo lugar, y la misma posición, acabaría en ese instante.

El delgado y abatido muchacho, sintió como si algo fuera a estallar dentro suyo, luego de aquella pequeña pausa, Zoro le besó, y con un último movimiento de cadera, le dio el toque final, liberando todo su fruto, de aquel orgasmo, dentro del joven.*Nunca me había sentido más satisfecho.*,*Ha sido el mejor polvo de toda mi vida… Luffy, gracias.*

Su capitán había parado de llorar, y le miraba consternado.

- Luffy… voy a salir… - Le explico con la respiración cortada. - … haa, ya se acabó, no tienes porque llorar… - le dijo aun éxtaciado, mientras retiraba su aparato del interior de aquella versión de Luffy, abatida, apagada, y triste. Éste hizo una última mueca de dolor, pero sin derramar lagrima, se mordió el labio inferior, aguantándolo. Ante la plena satisfacción del orgasmo, el extasiado joven no había notado que su miembro y la mano que le sostenía, al igual que la parte intima de su capitán, se encontraban cubiertos por dos fluidos, de consistencias distintas. Se dio cuenta al ver que el simple rose entre su extremidad y la entrada del recto, de cuando acababa de salir, le había causado un enorme y exagerado dolor a Luffy, para algo tan sencillo como aquello.

- ¿Qué demonios pa…? – Vio su mano y su miembro manchados con mucha sangre, mezclado con algo de sus fluidos. Su rostro empalideció, como si hubiese cometido un sangriento asesinato inconscientemente.

Horrorizado, se alejó torpemente del muchacho herido, hasta chocar con la pared. No podía dar crédito, de lo que veían sus ojos.

*Soy un monstruo, como pude haber hecho tal cosa*?

- Oii, oii Zoro… ¿Estás bien? – Le pregunta preocupado, y con voz quebrada, intentando pararse. - ¿Qué te sucede?

*¿Qué te sucede a ti?, ¿Cómo puedes preocuparte por mí en ese estado?*

*¿Qué te pasa Luffy?, ¿No eres capaz de ver lo que te hice?*

- Sí, estoy bien… no es nada. – Respondió forzando la voz, que le temblaba. Su corazón agitado no daba indicios de dejarle respirar con tranquilidad, y la culpa azotaba su conciencia, sin descanso alguno.

*Debo ocuparme de Luffy urgentemente… solo quería sexo, ¿Cómo llegamos a esto?*

*Jamás me lo perdonaré, y aún peor, tal vez él no me perdone. No! … seguro que no me perdona...*Monstruo, soy un maldito monstruo.*

El moreno volvió en sí, y se encamino hacia su devastado capitán. Al ver que el abatido joven intentaba moverse, el mayor, le dijo suavemente.

- Quieto…. No te muevas, ya me encargo yo de todo.

Derramaba bastante sangre, lo cual llamo la atención de Zoro, que a pesar de no ser médico, había sido herido muchas veces, y sabía cuando una herida era grave.*Con tanta sangre, debo haberle desgarrado fuertemente, en más de un sitio*, * Maldito animal, como te atreviste?, ni siquiera eres capaz de medir tu propia fuerza, bruto desgraciado.*

- Si te esfuerzas, agravarás tus heridas. – Le comentó, evitando mirarle. Su culpa, angustia y vergüenza, no se lo permitía. Recogió la ropa de ambos del suelo soltando una única lágrima cargada de odio hacia sí mismo y de preocupación por Luffy.

Una vez recolectada la ropa, se acercó al capitán, y le tomó en brazos cuidadosamente.

- Vamos a limpiarte, debemos higienizar y tratar esas heridas. – Con una delicadeza y caballerosidad nunca antes vista, el espadachín se dirigió desnudo hacia la puerta, cargando con el herido. – Aún tenemos tiempo… falta rato para que amanezca y se levanten los demás. – Añadió sonriendo, fingiendo que todo iba bien.

De un momento al otro, el dominante, rudo e indiferente Zoro, había cambiado por un responsable, dócil amable y delicado hombre, lleno de angustias, y preocupación.

De camino al baño, no se dirigieron la palabra, siquiera intercambiaron miradas, pero incluso Luffy, fue capaz de notar el brusco cambio en la personalidad de su primer oficial.

Situados en el baño, el moreno, recostó con delicadeza al joven en la ducha, como si tratara de una pieza excesivamente valiosa y frágil.

*No puedo darme el lujo, de cometer más errores, le hice daño, no merezco siquiera permanecer a su lado.*, *Es como en “aquel” entonces*

Giro el grifo de agua, para que la lluvia comenzara a caer, y buscando entre su ropa, separó su calzoncillo y su pantalón.

- Dame un segundo, y estoy contigo… - Murmuro, vistiendo esas dos prendas.

Mientras el morocho regulaba la temperatura del agua a su gusto, el acongojado muchacho, le frotaba una esponja enjabonada, intentando limpiarle todo.

*Prácticamente lo violé, y aun me deja que le toque?, ¿Por qué no me detuve cuándo me lo pidió?, estaba llorando*

*Maldito imbécil, maldito imbécil, me aproveche de su inocencia para pasarla bien, y lo deje en este estado deplorable.*

*Era su primera vez, confiaba en mí, y abuse de ello… Debí ser más suave con el.*

- Lu, Luffy… - Nombro con una voz vibrante y temerosa. – ¿Porque aun me…?

El pequeño capitán, le lanzo una mirada furtiva, haciendo que le entre el pánico. Era incluso peor que cuando lo había visto luchar por el bienestar de sus nakama. Infundía terror. Luego inclinó su cabeza hacia abajo y murmuro entre dientes.

- Porque eres mi nakama. – Soltó en un hilo, muy débil de voz.

- Luffy, tú… me sigues llamando nakama, luego de… - Zoro no podía comprender aquel comportamiento, no era normal esa reacción, ni su cara de odio, ni su misericordia, nada encajaba. Por más bueno que fuera, no debería existir persona capaz de tolerar algo así, y perdonarle a quien le hiciera eso. Ese era su punto de vista, triste y lleno de culpa, el espadachín, siguió lavándole.

Ninguno dijo nada, por corto período, pero cuando le intento limpiar en la entrada de su zona íntima, el chico tembló del dolor, y soltando una lagrima, se froto la mano por la cara.

El mayor de los jóvenes, empalideció devuelta, y se arrojo inconscientemente hacia atrás, estrellándose con la estantería de cosméticos de Nami.

Zoro intento recuperarse del shock, diciéndose que le seguía haciendo daño a Luffy, se incorporó nuevamente cerca de su capitán.

*Idiota, maldito monstruo, ¿Por qué le sigues dañando?, Ni siquiera puede moverse.*

Continuara ...

El Frio Acero Y El Amor de Goma (2)

CAPITULO II _ “La Explicación”

*Si, definitivamente lo necesito.*, *Además no puedo permitirme algo como aquello una vez mas.*... ... * Ese maldito cocinero, dándome sermones y sintiendo lastima por mi… ¿Qué se cree?*

En ese momento, decidido, agarro a Luffy por el cuello, y le dio un profundo beso, aunque el muchacho no supo responderlo muy bien.

- Oi Zoro, ¿Qué haces? – Le pregunta el chico, una vez separados.

- Tengamos sexo, ¿No es lo que querías? – No entendía bien la razón de aquella actitud.

- Sii… claro que quiero, pero… esto mmm… - Y miró a su espadachín medio confundido.

– Aún no me has dicho que es el sexo… - Agregó ingenuamente.

- Valla, parece que será más complicado de lo que imaginaba. - *Y también más sencillo…*, pensó unos instantes… *Parece que Luffy es inocente al 100%, desconoce el sexo, e incluso parece no haber besado a alguien jamás.*

-Oiiii Zoro, dime… ¿Cómo hacemos para tener sexo? , ¿Qué es el sexo? – Seguía insistiendo de forma alegre y expectante, aunque algo confundido.

- Esto es sexo…!! . – El musculoso joven le tomo nuevamente por la nuca, e hizo que sus labios se juntaran por segunda vez. Recorriendo cada rincón de la cavidad bucal de su capitán, se paseaba libremente, haciendo buen uso su lengua. Fue entonces cuando notó que el pelinegro comenzó a responder. Aparentemente comenzaba a tomarle el ritmo al encuentro pasional.

*Luffy mencionó algo sobre mí… antes.*Luego de que aquellas palabras cruzaran por su cabeza, recordó aquella oración que comenzó a rebotar en su cabeza, “Tienes unos brazos fuertes y bonitos”. Se separa del chico, y le pregunta…

- ¿Te gusta, capitán?

- Sii, sabe rico… jijiji - Contestó sonriendo inocentemente. Sin imaginar, lo que sucedería a partir de ese momento.

*Parece que a Luffy le atrae mi cuerpo. Eso hará las cosas más sencillas… *, *No ha mencionado ningún tipo de sentimiento, dudo que pretenda algo mas … deben ser sus hormonas.*, *Esta en esa edad, no saldrá perjudicado.*

- Me alegro… - Agregó el espadachín. - … que te guste – Siguió. Le envolvió la nuca en su mano, para continuar. - ¿Seguimos Capitán?

- Jijiji… - Reía, sin comprender la situación.

Luffy estaba increíblemente feliz, dado que se encontraba con la persona que mas apreciaba, compartiendo algo nuevo, especial y muy emocionante, que a duras penas comprendía. Pero se sentía bien en todo su cuerpo, y no podía parar de sentir aquella atracción hacia su más grande nakama.

Tal y como estaba, incapaz de entender lo que habían comenzado juntos, el pequeño se mantenía dudoso, sobre sacar el tema en el cual intentaría expresarle esos confusos y fuertes sentimientos que llevaba desde que le conocía, escondidos en su pecho, inseguro de su esencia.

Para bien o para mal, la ingenuidad y la inocencia del divertido capitán, no le permitían comprender que esos sentimientos, eran puro y verdadero amor.

*¿Qué tiene Zoro que mis demás nakama no tienen?*, *Por algún motivo… acudí a él, y no a los otros muchachos, como Nami me dijo…*, se planteaba con dificultad el pelinegro mientras seguían besándose, y éste comenzaba a entender el jugueteo de lenguas, labios y saliva.

*¿Debería detenerme y preguntarle? Se repitió varias veces preocupado… *¿Y si le interrumpo y se enoja? , tal vez no quiera compartir más tiempo con migo, y no tengamos sexo. No quisiera seguir con este problema de la erección sin solucionarlo.*
Creyendo que el sexo solo trataba de besos, el chico prefirió quitarle importancia a sus desordenadas ideas, y disfrutar del momento. Aunque se planteaba, porque su bulto cada vez crecía mas, en vez de bajar.*Zoro dijo que el sexo me bajaría mi cosa…*

- ¿Ves Luffy…? – Le llama, cuando impone unos centímetros de distancia.

- ¿Ah? … ¿Qué sucede Zoro? – Pregunta sin entender la razón de que se detuviesen.

- De esto trata el sexo.

- Ah… ¿De chuparnos la lengua y los labios.

-Pook , Pook ! – Le aplico dos suaves golpecitos en la cabeza. Libero una risita ante el reciente comentario de su capitán.

- No, pequeño idiota…

- ¿Entonces? … ¿Qué era lo que hacíamos recién?

- Claro que no! , eso eran besos… “Chuparnos la lengua y los labios”… – Imitó el espadachín, riendo del muchacho.

- Ya veo, ahora entiendo a lo que se refería Robin, cuando menciono que algún día besaría con pasión a quien yo quisiera… - Susurraba con un dedo en los labios y centrando los ojos en la solapa de su sombrero, como si buscase los fragmentos de memoria con la vista.

- ¿Eso te dijo? – *Maldita Robin.*, menciono para sí mismo - ¿Cuándo?

- Hace unos meses… - Respondió luego de pensar unos segundos. – Me estaba contando sobre un hombre y algún tipo de amistad, aunque no recuerdo bien de que trataba. No me pareció muy divertido, por lo que no le oí todo el relato. – Repuso antes de hacer una pausa. – Le pregunté que tipo de comida eran los besos que había mencionado, porque supuse que sería algo increíblemente rico, para hablar tan bien de ello. Me respondió “Ya entenderás, cuando llegue el momento, besaras con pasión a quien quieras. Todo a su tiempo, capitán-san.”

Luffy hace referencia y uso del verbo al sentimiento de aprecio y cariño.

Zoro interpreta la palabra como si hubiese hecho alusión a un juguete, o algún tipo de posesión.

Dado su aparente frío y duro corazón, permanecía incapaz de darse cuenta o siquiera pensar, que su capitán le quería más, que a cualquier otro nakama.

Frunció un poco el seño, luego de sentirse usado, aunque no le afectaba mucho, ya que era difícil de herir debido a su resistente coraza. Pero parecía haberle sorprendido ese comentario carente de ternura, por parte de su alegre compañero. O al menos eso creyó él.

*De todos modos, yo también le usare para mi satisfacción…* Pensó con algo de despecho, *¿Qué más da si nos usamos mutuamente?*

- Zoro! – Irrumpiendo en su cabeza, el muchachito logro hacer volver a tierra al fuerte moreno, con un seco llamado. Entonces se decidió a besarle nuevamente. - … Espera Zoro… quiero saber que es el sexo… - Le dice el chico sosteniendo su sombrero, y poniendo la mano libre entre ambos, indicándole que espere y le oyera.

El mayor comenzaba a cansarse, y su semblante cambio un poco, por el fastidio repentino. *Demonios, es peor que cuidar a un niño*, * Bueno, cálmate hombre, solo un poco mas de paciencia y será tuyo…* Se decía a sí mismo para convencerse y tranquilizarse… *Y encima los dos estamos a tope, a este paso no sé como terminaremos…*, *Me pone calienta demasiado este desgraciado…*

Miro por medio segundo el bulto excitado del joven, y luego el suyo propio.* No puedo perder más tiempo, le diré algo para conformarle y seguiremos, ya no aguanto…*
- Bien, el sexo es un acto entre dos personas, en el cual satisfacen sus deseos carnales y necesidades, y sus cuerpos experimentan sensaciones increíbles que te hacen volar.

El excitado espadachín, decide omitir el hecho de que lo normal para el mundo, sería una relación entre hombre y mujer, ya que si lo decía, corría el riesgo de que el muchacho le dejara plantado, en ese estado de excitación incontenible.

Aunque no sabía que Luffy lo amaba, y no se iría solo por tal pequeñez, aun sin comprender sus sentimientos hacia el duro guerrero, e ignorar la situación.

Por otra parte, le pareció necesario que debía suprimir en su explicación la diferencia entre tener sexo, y hacer el amor. Aunque había tenido una sola experiencia amorosa en su vida, comprendía la diferencia que existía entre estos dos actos. Simplemente creyó que no había sentimiento de por medio, y recordaba con despecho que Luffy le utilizaba por su trabajado cuerpo. Por lo que le pareció suficiente y satisfactoria la explicación proporcionada.

- ¿Entendiste..?

- Si, el sexo es algo misterioso… - Admitió el crédulo jovencito, sin comprender mucho. Zoro se agarro la frente unos segundos, sabiendo que esa respuesta era característica del pelinegro, cuando no comprendía nada. Pero le bastó con el hecho de que su capitán, no le preguntase nada más. - … parece divertido…

Terminadas esas palabras, sonrió confiando en todo lo que le había dicho hasta entonces … jamás dudaría de su espadachín que tanto apreciaba, y aunque esas palabras que había estado diciéndole al in-experimentado joven durante toda la noche, no fuesen malintencionadas, carecían de amor y preocupación por el pequeño y alegre muchacho, quien era incapaz de percibir tales cosas.

El moreno retomo la acción, besándole el cuello al pelinegro.

- Zoro… aaah…

- ¿Te gusta? – Le pregunta separando sus labios del chico, apenas un centímetro. Le mira seductora y provocativamente. El pequeño de pelo castaño dejo caer el sombrero que sostenía con su mano, pero no contestó. Le dedico una sonrisa acompañada de un suave color rojizo, y le quedo mirando fascinado, con los brillantes y cristalinos ojos negros, oscuros como la noche. Aquel interrogante y seductor varón interpretó esa mirada como una afirmación para que prosiga.

Comenzó a besar a su delgado y manejable capitán, en su cuello y tomo una mano del joven, para apoyarla sobre el pantalón del mismo, en la zona que se encontraba su miembro. Tras una indicación de que se manoseara, gustoso y obediente, el pelinegro comenzó a masajearse sobre su erecto y aprisionado miembro. El rudo espadachín, seguía besando al joven pelinegro, pasando de boca a cuello, y luego aplicándole suaves mordidas en sus orejas, al momento que le susurraba lo excitado que estaba, provocándole. Mientras el pequeño travieso jugueteaba con su aparato, sin sacarse aún la ropa, comenzó a sentir como su cuerpo aumentaba de temperatura, y el deseo de liberar toda esa energía acumulada, se iba acrecentando más y más.

*Esto es increíble, es tan genial, me siento espectacularmente raro.*, deliró un segundo dentro suyo, y luego pensó… *Tal vez debería hacer lo mismo con el suyo, creo que también le gustara…* Se dijo convencido el extasiado capitán.

Puso la mano sobre el bulto del espadachín, y empezó a masajear la zona. Zoro se sorprendió por un instante, ante la actitud de su compañero, y sonrió pícaramente, con aires de aprobación. *Este chico aprende rápido… haha…*

El clima comenzaba a ponerse más ferviente, más apasionado e incontrolable. El peliverde le tomo al más delgado por la cintura, y lo acomodo en el sofá, de manera que quedara acostado boca arriba, cara a cara enfrentados. Le apretó las muñecas con una mano, y se las sujetó sobre su cabeza, dominando así la situación, mirándole un segundo…

*¿Cómo es que Luffy me pone de esta forma?*,*Su delgada pero marcada figura, es una delicia, y es tan varonil…*

Comenzaron a besarse, y el moreno comenzó a mover su cadera, dando lugar a un roce entre sus bultos, enormemente excitados. Velozmente el clima deseado estaba tomando forma y temperatura, se empezaban a oír gemidos de placer, por parte de ambos. Solo se despegaban para tomar aire, e intercambiar sus agitadas respiraciones y su cálido aliento. El chico que se encontraba debajo, medio dominado, libero una de sus manos con cuidado, intentando no interrumpir aquel apasionado intercambio de sabrosos fluidos, y espectaculares sensaciones producidas por aquel rose, que tanto les gustaba. Paso su mano por el marcado pecho y abdomen de su nakama, hasta llegar a su haramaki. Empezó a subir lentamente la prenda, para quitársela con suavidad, a la vez que sus bocas no dejaban de succionar y saborear la del otro, generando unos besos más profundos, intensos y prolongados.

Una vez libre de aquella prenda verde, la cual tenía mucho valor para el espadachín, el pelinegro comenzó a quitarle la camisa, decidido. Al notar la intención de su capitán, Zoro le facilito la acción, soltándole su otra mano, y alzando los brazos. Casi instantáneamente, el ya semidesnudo guerrero, se tentó a desabrochar el chaleco de Luffy, para quedar ambos, con el torso completamente desnudo. Los dos se quedaron mirando unos segundos, fascinados ante el cuerpo del otro.

*Que piel tan suave tiene…* - Pensó el espadachín.

*Sus músculos, son tan perfectos…* - Se dijo el menudo chico.

Y al unísono, compartieron la misma ocurrencia, inconscientemente.

*Su cuerpo es…* - Admitió el delgado pero marcado jovencito.

*… tan hermoso.* - Se convenció admirándolo, el espadachín.

Sin quererlo, y sin saberlo, ambos habían alcanzado un estado en el que sus cuerpos se deseaban incontrolablemente, y sus mentes parecían ser una sola.

Sin despegarse de su boca, recorría cada rincón de la cavidad de su espadachín, invadiéndole desesperadamente. Rosando sus lenguas e intercambiando saliva, el chico de goma escurrió un brazo para poder pasarlo y ponerlo por detrás de su espalda, a la altura del pantalón. Y subiendo lenta y decididamente hacia la nuca, le hizo estremecer su cuerpo, con un escalofrío. Llego a lo más alto de su columna, y sin parar de besarse apasionadamente, el morocho se aferro de aquellos suaves, cortos y verdes cabellos, que habían sido motivo de burla durante mucho tiempo.

Excitado y deseando sentir el cuerpo que tanto admiraba, haciendo uso de su otra mano, le acaricio seductoramente su torso, comenzando por el abdomen bien marcado de su espadachín, y subiendo deteniéndose en sus firmes pectorales, donde se aferró un momento para sentir el latido del corazón apresurado. Luego subió un poco más para darle una caricia, cargada de ternura y cariño, mientras le miraba perdidamente en sus ojos. Zoro, sin dejar de mover su cadera, para evitar pausar el juego de roses, separó levemente la cabeza, y se quedo contemplando, sorprendido, por eso último, que había hecho estremecer su fuerte cuerpo, y su inquebrantable espíritu. Aquellas orbes cristalinas, oscuras e inocentes, le admiraban con ternura, agradeciendo el hecho, de compartir ese momento con él.

- ¿Qué sucede… Zoro? – Preguntó un tanto preocupado.

- Nada… - Mintió el cuestionado espadachín.*¿Qué sucede con Luffy, porque me trata de este modo?*, *Debe ser mi imaginación, después de todo, solo es sexo…* - … solo quería ver tu rostro. – Sonrió, escondiendo su asombro.

Recién salidas aquellas palabras, su capitán dejo iluminar su rostro, con una radiante sonrisa, la cual logro confundir aún más a su nakama. El peliverde decidió ignorar aquellas frases que le rebotaban en la cabeza, y entro a jugar con los duros pezones del atractivo muchacho.

- Zoroo, haa… Zoro me gusta tu cuerpo… – Dijo tímidamente, y estremeciéndose de placer.

- ¿Ah sí? … me alegro… ha ha, que te guste… - Respondio con la respiración medio cortada, sin mostrar interés alguno por esas palabras, y expresándose con frivolidad.
*Discúlpame Luffy, pero no puedo permitir que esto se siga complicando…?*

Siguieron con el juego de roses y placenteros lengüetazos, pero el fornido espadachín, no conseguía deshacerse de aquellos pensamientos que se arremolinaban en su interior.

*La verdad es que a mí también me gusta tu cuerpo, mucho más de lo que crees.*,*Pero tengo mis razones para que esto no pase de simple y vacio sexo. No puedo permitir que mi corazón se abra a alguien más en mi vida.*
*Esto debía ser sexo, y me encargare de que así sea… *

El moreno siguió lamiendo uno de los duros pezones, y con su otra mano, entró a desabrochar el pantalón de su tierno chico de goma. Luffy se estremeció al sentir la mano de Zoro debajo de su ropa, envolviendo su erecto miembro.
*Tiene buen tamaño… jaa, este Luffy, nunca se sabe con qué te sale.*

El jovencito de piel blanca y sedosa, dejó salir un gemido de su boca, y despegando su mano de la cara del atrevido espadachín, eligió imitar a éste para poder devolverle, aquel placer tan excepcional. Sin soltar su nuca, deslizó su mano entre ambos cuerpos marcados, y le desabrochó el pantalón. Envolviendo de forma similar la dura extremidad, con sus delicados dedos, le dedica unos placenteros movimientos, esperando que la reacción del otro sea buena.

El morocho se sorprende al tener tal cosa entre sus manos…*Wow, que tamaño, y que firmeza… ¿Estará así por mí, como yo por él?*

Zoro le dedica una risita de complicidad, y comienza a besarle el cuello nuevamente.
Luffy le mira unos instantes antes de acotar bocado…

- Zoro , ooi … esta grande, y dura … - Añade alegremente, haciéndole un movimiento fuerte de punta a punta del miembro, con el cual éste se estremeció de placer.

- Hhaa… la tuya también, mira… - Admitió, repitiendo el movimiento que el pequeño le había hecho, y sonriendo con intención de provocarle, se preparo para besarle…

- Hhaaaaaa… - Gimió ante aquella acción, pero fue silenciado instantáneamente por la lengua del fuerte joven, que le invadía en su boca.

El joven de cabello oscuro, estaba logrando comprender algunas cosas, de la situación, o al menos eso creía, ya que respondía a los juegos y provocaciones con mayor velocidad.

Ambos aceleraron lentamente el movimiento de sus manos sobre el miembro del otro, acometiendo frenéticamente, y retomando con dificultad, la sesión oral, que habían dejado a medias, y que tanto disfrutaban.

Con sus labios pegados, sus lenguas explorando el interior de la boca ajena encontrándose una y otra vez, permanecían con su mano hundida en el cabello del otro, oliendo las hermosas fragancias de cada uno, al igual que sus palmas, restantes les brindaban un placer enorme, en sus extremidades más intimas y sensibles, firmes y erectas. Sus cuerpos estaban alcanzando el límite, incapaces de detenerse, y aferrándose fuertemente ambos, gimieron a coro.

- Haaa… ha, ha… Zoro – Intento nombrar al espadachín con la respiración cortada.

- Haaa… ¿Qué?.. ha, haah … Luffy .. – Exhalo de un modo similar.

- Estoy mojado… y está caliente, ha, ha, ha…….. se sintió realmente bien .

Continuara ...

#Haramaki:Faja de color verde que utiliza Zoro en la cintura.

El Frio Acero Y El Amor de Goma (1)

CAPITULO I _ “El Problema”

- ¡Oi Zoro! - Gritó el capitán, entusiasmado. – ¡Oiii Zoroo! … ¿Dónde estás?-Pregunto luego del segundo llamado.

- ¿¡Luffy!? – Escuchó, en el momento que el morocho del sombrero de paja, juntaba aire para un tercer y más potente grito. – ¿Qué haces?... – Inquirió el espadachín, con el seño medio fruncido, por los gritos.

- Te buscaba… - Mencionó éste, expulsando el aire acumulado en sus mejillas y su pecho. – Necesito hablar contigo…

- No me refiero a eso, idiota – Soltando el insulto de una forma algo amable, al tiempo que bajaba de la torre de vigilancia, para aproximarse al pequeño.

¡Pook!

- Ita,ita… eso duele Zoroo, ¿Por qué me pegas?

- Te lo mereces por andar gritando en plena noche… mientras todos dormimos…- Respondió con un tono de reprimenda.

- Oohh... Está bien – Se frota la cabeza, mientras su agresor se golpea en la frente con la palma de la mano, asombrado por la actitud del más joven, la cual nunca paraba de sorprenderle, y él jamás llegaría a comprender, solo le quedaba aceptarle. – Pero… se supone que tú estabas de guardia… no deberías dormir, jijiji.

Al oír esas últimas palabras, se sonrojo ante la vergüenza, que le había causado, entonces decide desviarle el tema.

- Y bien… ¿Qué querías decirme? – Cambiando la expresión de su rostro a algo apenas más serio, a sabiendas de que le saldría con algún jueguecito, o algo similar, como era habitual en él despreocupado muchacho.

- Ah, cierto… lo había olvidado – Repuso, dejando las risas aparte. – Nami me dijo que podrías ayudarme con un problema que tengo…

- ¿Ah sí, cuál? – Pregunta Zoro, insultando a la pelirroja por dentro, *Mierda esa Nami, siempre jodiendo mis siestas*, a la par que cambiaba su semblante levemente, ante el fastidio repentino.

- Hoy cuando me levante, me sentía raro, mi cosa estaba… - El peliverde empezaba a perder la paciencia, pensando que era alguna broma de mal gusto por parte de la navegante y el capitán complotados. - … muy dura, y con un tamaño más grande de lo normal… - Dijo muy tranquilamente, aunque con una mueca de curiosidad. Él otro, expectante, en cambio, se había quedado medio atontado ante el repentino e inesperado comentario. El jovencito continuó, indiferente de la reacción de su nakama. - … le pregunte a Nami, por que sucedía, o que era, y ella me arrojo enfadada un puñetazo… luego me dijo que Sanji, Franky, tú, o incluso usopp podrían responderme en su lugar. Explícame por favor Zoroo!! – Rogaba con entusiasmo mientras le jalaba del brazo.

- Luffy… - Permitió apenas dejar salir su nombre, luego de recuperarse del pequeño shock. – Esto... Esto…

- Anda Zoro, anda dime. – Le interrumpió entusiasmado e insistente, con una de sus características sonrisas, enormes e inocentes.

- Está bien!… te lo explicare, pero solo una vez, sino lo entiendes, es tu problema, asique presta mucha atención.*Además hoy no estoy de humor*

- Gracias Zoro – Le interrumpe su pensamiento el otro con voz de eterna gratitud.

- Si, si, pero suéltame de una vez, así te explico… - Obedeciendo a esa petición, Luffy le soltó el brazo y se sentó de piernas cruzadas, en el piso del Sunny, con una mirada expectante, llena de entusiasmo y admiración. –… que remedio contigo… – Murmuraba entre dientes el mayor, mientras lo agarró de un brazo y comenzó a llevarlo hacia el mástil, donde se situaba su habitación, y su lugar de vigilancia.

- Oi Zoro, oi espera un momento Zoro… ¿Qué haces?

- ¿Tú qué crees? – Le espetó mientras lo soltaba – Acabamos de salir de una isla de invierno, nos congelaremos si nos quedamos aquí. – Comienza a subir la escalera, y le hace señas de que lo siguiera hacia arriba.

Una vez situados en asientos opuestos, dentro de la habitación, el mayor de los dos jóvenes, toma una de sus pesas individuales y comienza a ejercitar su brazo, antes de retomar la antes pausada conversación.

- ¡Luffy! … -Le nombra a su despistado capitán, quien estaba absorto en el movimiento del fuerte espadachín y su pesa. – Luffy… oi –Al segundo llamado, el chico vuelve en sí. - ¿No querías que te explique?

- Si claro, perdona Zoro. – Aplica una sonrisa y le mira fascinado. -Bueno, entonces… ¿Qué es lo que me sucedió?

- Bien, aver… ¿Por dónde comienzo? – Y empezó a darle una charla de hombre a hombre, como si de padre e hijo se tratara, aquel que ninguno había tenido. Casi terminada la primera parte de la explicación, donde le dio algunos detalles del aparato del hombre y demás, el morocho apenas parecía comprender algo, aunque su cara de entusiasmo e incognito, no había sufrido cambio alguno. Zoro seguía lidiando con Luffy, a la par de su ejercicio. Sin dejar de prestar atención a las palabras de su nakama, no permitía que se le escapara un movimiento del musculoso espadachín y su ejercicio, con su vista.

- ¿Qué se supone que debo hacer? – Interrumpe el joven, confundido. - ¿Qué hago cuando tengo una de esas erecciones que mencionaste?

- Debes descargarte… - Responde el mayor, sin pensarlo mucho, aunque un poco sorprendido ante la pregunta. Meditó unos segundos y se dio cuenta que su respuesta había sido algo estúpida, y que podría confundirle más. – Quiero decir… debes estar con alguien que te guste y bueno ya sabes… Aunque creo que no sabes, jajajajaja – Se rio el moreno ante la expresión que había puesto su capitán. – Sexo! – Exclamo luego de las risas. Sin meditar en las repercusiones que podría tener esa explicación tan carente de detalle. Solo quería terminar la conversación y seguir con su guardia o durmiendo. – Es sexo… Es la clave para solucionar ese problema que tienes. Todos lo tienen Luffy...

Terminó éste, y mientras cambiaba su pesa de brazo, esperando que le preguntara alguna otra cosa, el muchacho que estaba frente a él, hace un movimiento con el brazo y antes de finalizar tal acto, le dice:

- Tengamos Sexo…!!

Un profundo silencio inundo la habitación por unos segundos, y luego se vio interrumpido por un grito ahogado.

- Aagh como, aagh duele… - El guerrero de piel morena se agarraba el pie, donde se le había caído la pesa de dos toneladas y media, accidentalmente, ante el shock de lo que no podía creer, haber oído. - ¿Éstas loco o qué? … como se te ocurre… serás, desgraciado… los hombres n… - El aludido fue interrumpido por el movimiento del joven que tenía enfrente, el cual señalaba con su índice al bulto entre sus piernas. El semblante del moreno cambió totalmente, mezclándose la cólera, la vergüenza y la confusión en su rostro. - ¿Qué demonios te pa…?

- Tengo “el problema” de la erección – Dice el delgado y alegre muchacho, indicando su miembro, más claramente que la vez anterior. – Dijiste que el sexo lo solucionaba… - Explico con su inocente sonrisa. El más grande se disponía a explicarle a su capitán, la razón por la cual no podían, pero cuando abrió la boca para hablar, el entusiasmado chico siguió. – Además tú también tienes el mismo problema… Jijijiji

Riendo pícaramente señalo entre las piernas de su nakama mas querido, y éste bajó la cabeza, esperando que fuese una pésima broma. Su cara empalideció medio segundo, ante la visión, para tornarse inmediatamente de un rojo intenso. No sabía porque le había sucedido tal cosa, y mucho menos podía comprender, como no se había dado cuenta, hasta ese momento.

*Fui incapaz de notarlo*, *No entiendo que sucede aquí*, *Primero este muchacho me sale con esas locuras y luego esto… *, *Es inaceptable, debe ser un mal sueño*

Los pensamientos flotaban en la cabeza del moreno confundido. En ese momento el muchachito se levanta con una de sus características sonrisas, y se encamina hacia donde se encuentra su segundo a bordo, su primer y más fuerte nakama. Se sienta a su lado, y el peliverde se sonroja aún más, ante la situación. Se prepara para imponer distancia, pero algo le sujetó su brazo izquierdo, el mismo que minutos antes había terminado de ejercitar. Giró su cabeza y vio Luffy sonreír tiernamente, mientras que le sujetaba con fuerza su trabajado brazo.

- Luffy… ¿Qué hac…? – Nuevamente es interrumpido.

- Tienes unos brazos fuertes y bonitos… - Le acaricia el joven sin saber porque lo hacía, sentía atracción por su nakama, pero era incapaz de comprender de que se trataba, y actuaba por impulso. Tras sentir las suaves manos de su capitán en su brazo, y oír ese comentario, su parte más intima, comenzó a crecer aun más. – Tengamos sexo… - Repitió insistentemente el alegre muchachito.

- Luffy… - Deja escapar suavemente su nombre, cuando exhala ante la insistencia, medio resignado. No parecía que se tratara de una broma, y cuando algo se le metía en la cabeza, no había quien le pare. Aun con su cara tan sorprendida, el mayor trataba de despegarse del más joven, intentando reprimir el deseo y la excitación que su cuerpo estaba padeciendo.

*No entiendo porque siento tales cosas*, *Es un hombre, y los hombres no…* *Ya es la segunda vez que no puedo contenerme*, *¿Qué demoños me sucede?, siempre he sido capaz de controlar mi cuerpo y mi mente.*

Su capitán que parecía notar apenas la confusión que éste sentía, se aferra más al espadachín, haciendo que éste se estremezca. El pánico que le había entrado, comenzaba a desaparecer. Las ganas de separarse del muchacho quedaron apaciguadas junto con su voluntad para luchar, ante la inocente, excitada y entusiasmada cara del joven. Incapaz de resistir mucho más, Zoro se planteó unos segundos la posibilidad de que algo pasara.*En fin, es solo sexo lo que me pide.*, se decía para sí mismo, *Y lo necesito, no pasara nada.* Agarró a Luffy y lo miro una vez más para decidirse. *Después de todo, es Luffy, no entenderá mucho.* *Es muy ingenuo, y yo no aguanto más sin tener relaciones.*

En ese momento, por algún motivo, recordó un fragmento del día anterior.

==========
FLASHBACK
==========

Un día antes, después del desayuno. Todos los miembros de la tripulación del Sunny se dirigían a sus habitaciones o a sus respectivas áreas de trabajo, salvo Sanji, que ya estaba en el suyo, la cocina. Y también faltaba un miembro, el primero al mando luego del capitán, Zoro. Tras desalojar el lugar, éste ultimo ingreso en el lugar, con el torso al desnudo empapado de sudor, y su camisa en la mano tapando su entre pierna.

Se sentó y buscó su desayuno con la mirada, esperanzado de que el glotón de su capitán, no hubiese comido el suyo.

- Oi Ero-Cook, ¿Mi desayuno? – Le pregunta al rubio, con burla.

- ¿A quién le dices eso? … marimo de mierda!

Echándole una mirada despectiva, luego levanto la cabeza hacia el techo, exhalo el humo de su cigarrillo y se dirigió despreocupadamente hacia el espadachín, con un plato y una taza humeante. Toma, come imbécil. Lo guarde para salvarlo de Luffy.

- Hahaha, ¿Te preocupas por mí, cejas rizadas?

- Ya quisieras, maldito… Calla y come de una vez pedazo de mierda.

Zoro comienza a comer y en eso se abre la puerta.

- Sanji-kun … - Entra Nami seguida de Robin. – Ah Zoro, hola. ¿Qué te sucedió hoy?, ¿Por qué no estuviste presente en el desayuno?

- Egstruve engtregnandro - Intento responder, aunque se trabara con la comida, sabía que no era la única razón de su ausencia, y por eso su cara estaba levemente sonrojada.

- Bueno, no importa. Sanji ¿Podrías llevarme un té y un café a mi habitación?

- Lo que desees Nami-swaaan, te vez tan hermosa cuando me pides algo. - Deliraba con sus ojos de enamorado mientras danzaba. - Enseguida los llevo, melloriiine ...

- Si si si… - Le espetó la navegante, mientras la arqueóloga soltaba una risita. - Gracias Sanji-kun.

- Adiós cocinero-kun, espadachín-san. - Saludo cálidamente la morena. Ambos hombres les saludaron, y las damas se retiraron de la cocina.

- Te ves tan estúpido cuando te usan... - Comentó con acidez, el guerrero. - ni siquiera te prestan atención.

- Al único que nadie le presta atención, eres tú, maldito cabeza de alga. - Y dio un fuerte golpe en la mesada, donde estaba preparando el encargo de las señoritas.

- Cocinero de mierda..!

- Espadachín de segunda...!!

- Estúpido lovely!!!

- Tesoro nacional..!

Los insultos no cesaban, el cocinero situado de pie detrás de la barra, gritaba eufóricamente, y Zoro se levanto bruscamente, para responderle, del mismo modo y no quedar por debajo de su nakama. Su competitividad era visible hasta en los pequeños detalles. Olvidando el motivo por el cual llevaba sosteniendo la camisa todo ese tiempo, dio un golpe rotundo en la mesa, expresando y demostrando su enfado y su fuerza superior, dejando caer así, aquella tela que cubría su marcado y visible bulto. Antes de que el rubio se diese cuenta, su escandaloso capitán ingreso en la cocina, interrumpiendo la discusión. Se paro frente al cocinero, entre la mesa y la barra, dejando fuera de visión al enfadado guerrero. Ignorando la pelea, e incluso la presencia de su primer y más fuerte nakama, grito con su alegre espíritu.

- Sanjiii… Tengo hambre, dame comida.

- Serás… acabas de desayunar, pequeña sabandija…

- Pero Sanj, es que tengo mucha hambre. – Insistió el joven, haciendo pucherito y urgandose la nariz.

- No tienes remedio… - Dijo, rendido el rubio. – Toma, es el postre que sobró del desayuno.

- Gragcigas Sanji..! – Agrego el joven metiéndose grandes bocados antes que el cocinero soltara el plato. En seguida se encaminó hacia la puerta, engullendo velozmente cuanto pudo.

El peliverde se había quedado expectante, disfrutando aquella escena tan graciosa, al ver que el cocinero murmuraba cosas entre dientes. Segundos después recordó haber dejado caer su camiseta, y se apresuró a sentarse, para que no le viera. Recogió su prenda y volvió a colocarla sobre su entrepierna, de modo que su excitada extremidad quedase cubierta.

Lo que le causó una extraña confusión, fue el encontrarse con una erección aún mayor, que cuando había despertado o había ingresado en aquella habitación.
*¿Por qué?, ¿Por qué ahora?, ya tenía suficiente con andar disimulando toda la mañana, y ahora estoy peor que antes.*

*Debo irme de aquí cuanto antes*

Absorto en sus pensamientos, sintió una familiar y fastidiosa voz, llamándole con provocaciones.

- Oi, marimo, termina de comer. – Espetó el cocinero. Zoro levanto la mirada sin dar demasiada importancia, aun confundido. – Voy a llevar esto a Nami-swaaan y Robin-chwaaan. – Le comentó entusiasmado. - Espero volver y no ver tu rostro devuelta. Come y mueve tu trasero a alguna otra parte.

- Si, como tu digas, estúpido amoroso – Siguiéndole la corriente, pensó para sí mismo, *Como si voy a aceptar ordenes de un idiota como tu…*
Abrió la puerta y se marchó con las dos tazas hacia la habitación, donde le esperaban las damas.

- Maldito… - Murmuró.

*Bien, es la oportunidad para que me valla.*, *Si alguien me ve en este estado, será difícil pasar desapercibido, incluso con la camiseta como tapadera.*

Terminó de ingerir lo que quedaba de postre, debió el último trago de té, y levantándose de un salto, se encaminó hacia la puerta. Estaba a punto de irse, cuando de golpe, ésta se abrió y apareció el rubio, quién no tardo un segundo en abrir la boca.

- ¿Todavía sigues aquí? … Maldito cabeza de alga. – El moreno no movió un músculo, esperando que su agresor no notara el estado en el que se encontraba. – Muévete. – Le ordenó.

Avanzo hacia delante y choco contra Zoro, al ver que éste seguía inmóvil, Sanji decidió a pasar por la fuerza. Llevándolo por delante, chocó con el macizo joven, y evidentemente, sintió aquello entre las piernas, que el inmóvil peliverde, había intentado ocultar toda la mañana.

- Marimo… - Comenzó a hablar Sanji, sacándose el cigarro de la boca y avanzando para quedar dentro del lugar. –… con que de esto se trataba… - Zoro se había puesto rojo de la vergüenza, y se aferraba a la camiseta, con el intento de seguir ocultándolo, y manteniendo la esperanza de que las palabra del fumador, fuesen por otro motivo. – Ya decía yo que era raro no verte en el desayuno, y luego te apareces sin tu camisa puesta en la cocina. Por mas animal que seas, nunca eres tan descuidado… - Esperando más comentarios del cocinero, los cuales estaba seguro que serian burlas y humillaciones, se resignó a esperar que terminara, para irse y no volver a verle.

*Encima de que se burla, tiene razón… como lo detesto.*

- Deberías hacer algo con “eso”, y yo que tú no me pasearía por el barco en ese estado. Te pueden ver los muchachos, o incluso peor, las chicas. Y ahí sí que te daré una buena paliza. – El espadachín se sorprendió desmesuradamente al ver la cara de tranquilidad del cocinero, y el tono de comprensión en sus palabras. – También tendrías que descargar el tanque una vez cada tanto… ve y toma un baño. Ya sabes… - Le guiño el ojo visible.

Finalizada la conversación, el rubio le dedico una risita de complicidad y se encaminó a su zona de trabajo. Aquel avergonzado joven de piel morena, se marchó indignado, asombrado y confuso. Por algún motivo, sintió que aquel hombre no contaría aquello a nadie. Sería la primera y única vez, que sentiría a su rival nakama, como un amigo confidente. Se encamino al baño para siguiendo las indicaciones del joven fumador.

Estuvo de mal humor unas horas más, antes de poder calmarse y olvidar todo aquello.

=================
FIN DEL FLASHBACK
=================

Continuara ...